La foto es conmemorativa, en este espacio de trabajo ha nacido el nuevo álbum de HATR Project. Ha habido una catástrofe hace unos meses con mi disco duro y he perdido todo lo que tenía de maquetas y material terminado, ahora, es momento de verlo como una oportunidad y un nuevo comienzo.
Desde 2011, cuando se lanzó Rise of Queenpain, este proyecto no había visto la luz. Vienen consigo nuevos planes para darle promoción y crecimiento a este proyecto que a veces olvido pero que quiero mucho.
He abierto una cuenta de Twitter: @hatrproject donde se podrán mantener al tanto, así como la previamente existente página de Facebook. Y para quienes quieren escuchar algo de lo que sobrevivió de este proyecto desde el pasado, sigue disponible el sitio de Bandcamp.
martes, 30 de septiembre de 2014
viernes, 26 de septiembre de 2014
Just a reflection of a reflection
Fotografía: Brooklyn Vegan.
Hace ya un mes, 24 de agosto para ser exactos, pudimos presenciar el tercer y último show de Arcade Fire en el Barclay's Center en la ciudad de Nueva York.
Entre toda esa experiencia hago un paréntesis en este espectáculo que es uno de los mejores que he visto hasta ahora, y sin duda algo que no podía pasar desapercibido en esta bitácora electrónica.
David Byrne en el escenario y una banda de cabezas gigantes anunciado su llegada con una canción de LCD Soundsystem.
También estuvo la leyenda llamada Television, The Unicorns y un Dan Deacon.
...¿y por qué nadie le tomó fotos a Television?
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viernes, 4 de julio de 2014
Escena en Guadalajara, 2014
Ayer vi en Facebook un intercambio de opiniones que se generó a partir de una pregunta formulada por mi camarada Iyin, alguien a quien conozco desde hace varios años y que siempre se ha interesado en apoyar proyectos musicales independientes, tanto locales como algunos extranjeros. La pregunta fue: ¿Qué ya no hay buenas propuestas musicales en Guadalajara? La respuesta corta es: sí, sí las hay. La pregunta más complicada sería: ¿Estamos viviendo una etapa difícil en esta escena? Sí, también la estamos viviendo.
Podríamos ahondar en el tema y generar todo un estudio, hacer una mesa de debate y hasta filmar un documental de esto (Alejandro Torres, un fotógrafo y director profesional con quien trabajamos hace tiempo nos platicó que pensaba hacerlo). Así, me atrevo entrar al juego del análisis y depositar aquí mis pensamientos al respecto.
Si tratamos de ser más fríos y objetivos al evaluarlo, podemos decir que esa idea de carencia es un espejismo y que en realidad tan sólo es parte de la transformación musical a nivel global. "Ahora todos son DJ's", fue el comentario de mi amigo Pipe con quien platicaba alguna vez sobre el tema, un diagnóstico crudo pero muy acertado. La industria se está moviendo y transformando, la producción (sobre todo de música electrónica) se vuelve cada día más barata y accesible, y la balanza se está cargando de ese lado.
Prueba de que esto va más allá de las percepciones es que hace unos días escuché en RMX, la estación predominante del rock y derivados en Guadalajara, que están convocando a un concurso de DJ's para incluirlo en su festival 212, que ha sido cuna y catapulta para bandas nacionales en ediciones anteriores. Esto me puede dar a entender dos cosas: 1) que hay una creciente demanda de música electrónica en este mercado, y 2) que se les está acabando la tela de donde cortar, en cuanto a bandas locales de calidad se refiere.
Nos guste o no, esa es la tendencia de esta industria en la actualidad a nivel mundial y es una enorme bola de nieve que no podemos detener. Podemos ser amantes del jazz, del metal o del punk, podemos tener bandas de altísima calidad en ejecución, pero esta calidad no es la única variable en la ecuación para el éxito y supervivencia de un artista.
Aunado a las complicaciones económicas y administrativas que conlleva emprender un bar, un café o cualquier negocio en general, sobrevivir en una escena donde tu público corresponde apenas a un diminuto porcentaje de la población es una tarea desafiante, y así hemos visto a lugares como el Monaghan, Les Fleurs du Mort, el Café Quimera y a muchos otros pasar a mejor vida. La población tapatía tiene en su mayoría gustos que no favorecen al desarrollo de la contracultura y propuestas emergentes, y así se vuelve más difícil llenar los foros; cada vez se vuelve más común ver conciertos cancelados de artistas nacionales e internacionales porque no se nos vendieron los boletos.
¿Por qué se han ido bandas de Guadalajara como Technicolor Fabrics, Sierra León o Descartes a Kant? Porque la escena aquí (y me refiero a los públicos) no dan para mucho. Guadalajara puede proporcionarle un cierto crecimiento a los artistas pero llegando a ese tope deben moverse a otro espacio, uno con más puertas para ser abiertas y vías de comunicación más eficaces para conectar a otras plazas del país.
Te pago con cervezas
Otro malestar que entorpece el desarrollo de estos espacios viene de las malas condiciones generadas en los mismos para los artistas. Las bandas pretenden obtener difusión a través de actos en vivo y esto da paso al oportunismo de muchos organizadores para aplicar el 'te pago tu trabajo con cervezas' o no proporcionar un espacio adecuado para las presentaciones en vivo. Otras veces obligan a las bandas a vender boletos (y si no venden todos, la banda los paga) al estilo Tokin Records en sus concursos, o llevan esto al borde de la estafa como lo que era el Rock Calli.
Este esquema es hiriente para cualquier proyecto musical que aspire a considerarse profesional. Obviamente un artista que inicia deberá ser siempre más accesible (no puedes empezar cobrando como un headliner de festivales si no tienes la capacidad de llenar un foro de 50 personas) pero reconozcamos que todo lleva su esfuerzo.
Este es un argumento viejo y no me atrevo a definir hasta qué punto sea cierto. En mi experiencia, percibí hace unos años ese hermetismo al intentar organizar algunos eventos; también en la radio suenan las mismas dos o tres propuestas bajo el argumento de que son las únicas con calidad en toda la ciudad. ¿Y de verdad lo son?
Hagamos otro ejercicio: ¿han buscado similitudes entre todos los artistas que se han presentado en los escenarios de los festivales de Chapultepec en la última década? ¿De verdad no hay más bandas como dicen?
Defina usted mismo si existe o no existe tal círculo de amistades y determine el hermetismo de las mismas. Yo no lo puedo juzgar a ciencia cierta porque mis amistades de un tiempo para acá no son personas que estén interesadas a echarse un clavado en los eventos locales. Tal vez por ahí debería(mos) empezar.
Podríamos ahondar en el tema y generar todo un estudio, hacer una mesa de debate y hasta filmar un documental de esto (Alejandro Torres, un fotógrafo y director profesional con quien trabajamos hace tiempo nos platicó que pensaba hacerlo). Así, me atrevo entrar al juego del análisis y depositar aquí mis pensamientos al respecto.
¿Pero en serio hay crisis?
La hay, o para quienes vivimos una escena diferente hace 10 años o más, esa es nuestra percepción, así como la de quienes se quejan de que el rock & roll verdadero dejó de hacerse hace décadas porque ahora escasean los guitarrazos y los temas de protesta, percepción como la de aquellos que se quejan de la generación Zoe.Si tratamos de ser más fríos y objetivos al evaluarlo, podemos decir que esa idea de carencia es un espejismo y que en realidad tan sólo es parte de la transformación musical a nivel global. "Ahora todos son DJ's", fue el comentario de mi amigo Pipe con quien platicaba alguna vez sobre el tema, un diagnóstico crudo pero muy acertado. La industria se está moviendo y transformando, la producción (sobre todo de música electrónica) se vuelve cada día más barata y accesible, y la balanza se está cargando de ese lado.
Prueba de que esto va más allá de las percepciones es que hace unos días escuché en RMX, la estación predominante del rock y derivados en Guadalajara, que están convocando a un concurso de DJ's para incluirlo en su festival 212, que ha sido cuna y catapulta para bandas nacionales en ediciones anteriores. Esto me puede dar a entender dos cosas: 1) que hay una creciente demanda de música electrónica en este mercado, y 2) que se les está acabando la tela de donde cortar, en cuanto a bandas locales de calidad se refiere.
Nos guste o no, esa es la tendencia de esta industria en la actualidad a nivel mundial y es una enorme bola de nieve que no podemos detener. Podemos ser amantes del jazz, del metal o del punk, podemos tener bandas de altísima calidad en ejecución, pero esta calidad no es la única variable en la ecuación para el éxito y supervivencia de un artista.
Nos faltan espacios que apoyen a la escena local
Uno de los argumentos más comunes en este tipo de discusiones es que en Guadalajara ya no hay foros donde las bandas puedan armarse una tocada y dar a conocer sus nuevas propuestas. Es cierto que nuestra ciudad sufre de una escasez de espacios de este tipo, pero esto es sólo reflejo de otros malestares.Aunado a las complicaciones económicas y administrativas que conlleva emprender un bar, un café o cualquier negocio en general, sobrevivir en una escena donde tu público corresponde apenas a un diminuto porcentaje de la población es una tarea desafiante, y así hemos visto a lugares como el Monaghan, Les Fleurs du Mort, el Café Quimera y a muchos otros pasar a mejor vida. La población tapatía tiene en su mayoría gustos que no favorecen al desarrollo de la contracultura y propuestas emergentes, y así se vuelve más difícil llenar los foros; cada vez se vuelve más común ver conciertos cancelados de artistas nacionales e internacionales porque no se nos vendieron los boletos.
¿Por qué se han ido bandas de Guadalajara como Technicolor Fabrics, Sierra León o Descartes a Kant? Porque la escena aquí (y me refiero a los públicos) no dan para mucho. Guadalajara puede proporcionarle un cierto crecimiento a los artistas pero llegando a ese tope deben moverse a otro espacio, uno con más puertas para ser abiertas y vías de comunicación más eficaces para conectar a otras plazas del país.
Te pago con cervezas
Otro malestar que entorpece el desarrollo de estos espacios viene de las malas condiciones generadas en los mismos para los artistas. Las bandas pretenden obtener difusión a través de actos en vivo y esto da paso al oportunismo de muchos organizadores para aplicar el 'te pago tu trabajo con cervezas' o no proporcionar un espacio adecuado para las presentaciones en vivo. Otras veces obligan a las bandas a vender boletos (y si no venden todos, la banda los paga) al estilo Tokin Records en sus concursos, o llevan esto al borde de la estafa como lo que era el Rock Calli.
Este esquema es hiriente para cualquier proyecto musical que aspire a considerarse profesional. Obviamente un artista que inicia deberá ser siempre más accesible (no puedes empezar cobrando como un headliner de festivales si no tienes la capacidad de llenar un foro de 50 personas) pero reconozcamos que todo lleva su esfuerzo.
¡Secuestraron nuestra escena!
Esto también es algo que he escuchado de varias voces cuando se aborda el tema de la escena en Guadalajara: hay un grupo de músicos elitistas que se adueñaron de la escena tapatía y no dejan a nadie entrar en él.Este es un argumento viejo y no me atrevo a definir hasta qué punto sea cierto. En mi experiencia, percibí hace unos años ese hermetismo al intentar organizar algunos eventos; también en la radio suenan las mismas dos o tres propuestas bajo el argumento de que son las únicas con calidad en toda la ciudad. ¿Y de verdad lo son?
Hagamos otro ejercicio: ¿han buscado similitudes entre todos los artistas que se han presentado en los escenarios de los festivales de Chapultepec en la última década? ¿De verdad no hay más bandas como dicen?
Defina usted mismo si existe o no existe tal círculo de amistades y determine el hermetismo de las mismas. Yo no lo puedo juzgar a ciencia cierta porque mis amistades de un tiempo para acá no son personas que estén interesadas a echarse un clavado en los eventos locales. Tal vez por ahí debería(mos) empezar.
¿Y qué se necesita para tener una escena como la que hay en otras partes del mundo?
Nada, o mejor dicho, nunca podremos tener una escena así por la sencilla razón de que los aspectos culturales y económicos son muy distintos a la de otros países: otro lenguaje, otra educación. Cualquier intento por imitarlo está destinado al fracaso; más bien se deben ver las necesidades propias en nuestro contexto y hacer que está escena tenga su propia identidad.
Echarle ganas
Finalmente, el principal ingrediente para el éxito sigue siendo el trabajo y la perseverancia. En Guadalajara hay bandas que se toman en serio su papel como artistas y ese es el único camino por el que podríamos mantener vivo un movimiento artístico o cultural.
Hace un tiempo tuvimos un altercado en un evento donde acordamos entre las bandas cooperar cada uno con una parte del backline. Una de las bandas se negó a aportar (bajo el argumento de que su equipo era muy caro y no lo querían compartir por temor a que se dañara) y no se presentaron al soundcheck; a pesar de todo exigían tocar en un horario privilegiado. La molestia fue inmediata y terminó por lastimar lo que pudo ser una buena relación entre músicos. A esto me refiero cuando digo que hace falta ese esfuerzo colectivo; la única manera de darle fuerza a una escena es apoyándonos como nos sea posible.
Por ahora sigo con el ojo puesto en propuestas prometedoras como Hey Chica! (que alguna vez les vi como Lavamatic y jamás aflojaron el ritmo), Veritas y proyectos nuevos como Fénix Phoenix.
Los músicos y difusores tenemos la responsabilidad de comprometernos con nuestro trabajo, no dejar de trabajar y estudiar, sin esperar que otros medios y artistas vengan a rescatarnos.
Echarle ganas
Finalmente, el principal ingrediente para el éxito sigue siendo el trabajo y la perseverancia. En Guadalajara hay bandas que se toman en serio su papel como artistas y ese es el único camino por el que podríamos mantener vivo un movimiento artístico o cultural.
Hace un tiempo tuvimos un altercado en un evento donde acordamos entre las bandas cooperar cada uno con una parte del backline. Una de las bandas se negó a aportar (bajo el argumento de que su equipo era muy caro y no lo querían compartir por temor a que se dañara) y no se presentaron al soundcheck; a pesar de todo exigían tocar en un horario privilegiado. La molestia fue inmediata y terminó por lastimar lo que pudo ser una buena relación entre músicos. A esto me refiero cuando digo que hace falta ese esfuerzo colectivo; la única manera de darle fuerza a una escena es apoyándonos como nos sea posible.
Por ahora sigo con el ojo puesto en propuestas prometedoras como Hey Chica! (que alguna vez les vi como Lavamatic y jamás aflojaron el ritmo), Veritas y proyectos nuevos como Fénix Phoenix.
Los músicos y difusores tenemos la responsabilidad de comprometernos con nuestro trabajo, no dejar de trabajar y estudiar, sin esperar que otros medios y artistas vengan a rescatarnos.
domingo, 29 de junio de 2014
El Gran Escarcha: hace nueve años del ruido
Hace unos días, mientras curioseaba entre archivos viejos, encontré un dato personal interesante: fue un 29 de junio de 2005 cuando subí al Internet el audio de la primera canción que compuse y grabé en toda mi vida. Una canción explosiva de 51 segundos de duración, sin orden ni reglas preestablecidas, grabado directamente en el plug de línea de entrada de una computadora personal sin interfaces de ningún tipo, sólo una guitarra eléctrica, una pedalera y un viejo Yamaha PSS-170 que tenía en casa. Todo eso y un montón de ganas de gritar y experimentar con lo que tenía enfrente, crear algo sin importar reglas o etiquetas de ningún género.
Influenciado por todas las cosas que escuchaba en aquel entonces, la idea era buscar un ritmo bailable y lleno de caos. C'mon and take my cracked faith! era el grito de un himno personal que sólo hacía justicia a su autor (yo) que no sabía nada de grabaciones, mezclas o teoría musical. "Es como escuchar el ruido del módem", decían mis amigos y yo me atacaba de risa, porque yo mismo desconocía lo que estaba creando pero finalmente fue el inicio de algo que sigo haciendo y que no sé hacia dónde me lleva, sonidos que de alguna manera a veces escucho y me siguen generando cierta curiosidad.
El Gran Escarcha era eso: experimentar y ver de lo que yo era capaz con unos pocos instrumentos y una computadora. Así pues, comparto este dato y comparto un track del 2008 (el último que hice de este proyecto) donde las cosas ya habían tomado tantito orden, sólo para conmemorar:
Influenciado por todas las cosas que escuchaba en aquel entonces, la idea era buscar un ritmo bailable y lleno de caos. C'mon and take my cracked faith! era el grito de un himno personal que sólo hacía justicia a su autor (yo) que no sabía nada de grabaciones, mezclas o teoría musical. "Es como escuchar el ruido del módem", decían mis amigos y yo me atacaba de risa, porque yo mismo desconocía lo que estaba creando pero finalmente fue el inicio de algo que sigo haciendo y que no sé hacia dónde me lleva, sonidos que de alguna manera a veces escucho y me siguen generando cierta curiosidad.
El Gran Escarcha era eso: experimentar y ver de lo que yo era capaz con unos pocos instrumentos y una computadora. Así pues, comparto este dato y comparto un track del 2008 (el último que hice de este proyecto) donde las cosas ya habían tomado tantito orden, sólo para conmemorar:
lunes, 23 de junio de 2014
Del lado bueno del ciclo
Foto: Ana Nuñez @ Flickr
Ciclos, hay quien dice que todo en la vida son ciclos y si bien fuera así, podría afirmar que este año ha sido grande en cuanto a mi música predilecta se refiere. ¿Les ha pasado que notan un cambio en sus gustos musicales?Tuve una época dorada en la que descubrí música que creí grande, música que llegó para quedarse y que se adueñó de mis gustos por completo, música que aportó a la tarea de definirme. No sé si sea parte de crecer, parte de la vida o de la historia de la industria discográfica, pero en algún momento me sentí entrar en una etapa triste y prolongada en que los artistas que hacían esa música dejaron de hacerlo, cambiaron la fórmula o simplemente renunciaron a su labor artística.
Posiblemente esto ratifique también la idea de que soy muy cerrado o tradicional en gustos pero la tendencia en la música actual no lograba cautivarme, me resulta complicado que llegue una nueva banda y rompa con esa barrera que determina lo que es bueno a mi criterio; así durante un tiempo me he dedicado a buscar entre música vieja (donde he encontrado mucho) "nuevos" sonidos para mi oído que sacien esa hambre porque, si bien no resulté melindroso para la comida, sí lo fui para la música. Caí en cosas tan clásicas como Grand Funk Railroad, Electric Light Orchestra e incluso genialidades de la música clásica.
Apenas por estas fechas se ha venido una oleada que parece cumplir con ese ciclo al que me refería al principio. The Faint nos trajo un disco nuevo (respetando ese sonido crudo y clásico de hace unos años), bandas que habían sucumbido ante la historia están de regreso: Death From Above 1979, The Unicorns y The Blood Brothers; vino un disco nuevo de Chromeo y otro de Moving Units. Es como regresar a una probadita de lo que fuera aquella época, darle la vuelta al ciclo y pasar justo ahora por esa parte donde mis oídos se llenan de luz y se complacen de lo que hay sobre la mesa.
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viernes, 9 de mayo de 2014
Quedan más letras por escribir
Alrededor de estas fechas, este blog estará cumpliendo sus primeros "seis años", así entre comillas porque han sido más los tiempos muertos (incluso en 2012 no escribí absolutamente nada, cuando pretendía mudarlo a Tumblr) y a pesar de todo este espacio sigue arriba.
Lo curioso de tropezar ocasionalmente con estas páginas es que me sirven para echar un vistazo hacia atrás, ver quién era y en quien me he convertido; aquí hay textos registrados que a estas alturas ya no escribiría o cambiaría el cómo escribirlas, es una especie de diario público donde comparto cosas que me sienta bien compartir y si bien no me atrevo a decir que es muestra de madurez, diré que es evidencia de alguna forma de crecimiento en mi vida.
A veces se me antoja venir a escribir; ya no prometo que lo haré cada tercer día, que mantendré vivo este blog, que lo mudaré o lo destruiré. Lo único seguro es que habrán más letras, de relevancia e irrelevancia, tal como lo aclaré el primer día que abrí paso a este fiel espacio.
Lo curioso de tropezar ocasionalmente con estas páginas es que me sirven para echar un vistazo hacia atrás, ver quién era y en quien me he convertido; aquí hay textos registrados que a estas alturas ya no escribiría o cambiaría el cómo escribirlas, es una especie de diario público donde comparto cosas que me sienta bien compartir y si bien no me atrevo a decir que es muestra de madurez, diré que es evidencia de alguna forma de crecimiento en mi vida.
A veces se me antoja venir a escribir; ya no prometo que lo haré cada tercer día, que mantendré vivo este blog, que lo mudaré o lo destruiré. Lo único seguro es que habrán más letras, de relevancia e irrelevancia, tal como lo aclaré el primer día que abrí paso a este fiel espacio.
Sonrían, que la vida es buena.
martes, 13 de agosto de 2013
El mundo girando a 33 rpm, de nuevo.
Después de más o menos un par de décadas en la obscuridad, los vinilos (o discos de acetato, LP's, o como se les prefiera llamar) están regresando al mercado. ¿Pero es realmente algo que valga la pena rescatar? Este debate me he inspirado mucho desde hace unos días y quería venir para dejar mis impresiones alrededor de algunos mitos y verdades sobre este tema, siendo yo un "nuevo" consumidor de este formato.
A mí me tocó llegar hasta aquí con tan sólo el recuerdo de los casetes y los viejos discos de acetato que había en casa, frágiles y enormes y que siempre hacían ruido al reproducirse, llenos de rayones por el maltrato. De niño me tocó ver la transición de estos discos al CD, el nuevo formato que ya no llevaba esos molestos clics y pops de una aguja sobre sí (¡qué caros son los nuevos discos, pero qué bien se oyen!), un formato más pequeño y práctico para llevarse a cualquier lado; casi no había piratería en ese entonces o la gente se limitaba a seguir grabando sus copias caseras y mixtapes en casetes; luego los Discman, ya no los Walkman porque también la cinta comenzaba a quedarse atrás con sus defectos y fragilidades. Después vinieron los quemadores y el MP3, un formato que se iba tan bien con las conexiones tan lentas a internet: teníamos que esperar 15 o 20 minutos para descargar una canción de Napster, KaaZa (después Ares), Audiogalaxy, iMesh, Limewire o Soulseek. Parecía obsceno que algún amigo tuviera ya conexión por cable y así podíamos bajar las canciones en dos minutos, o hasta un video y después grabarlos en un CD. El MP3 con calidad de 128kbps era suficiente para nosotros, llenábamos los discos y los llevábamos a casa.
Así conocí mucha música y no lo pudiera haber hecho de otra forma con las condiciones tan restrictivas que había (o hay) en nuestro país: conectividad muy cara y discos muy caros, así fue como nos recomendábamos música entre amigos y la industria seguía creciendo: vinieron los iPods, conexiones más rápidas; en México la compra de música por Internet aún era un rumor y la gente no era tan atrevida como para poner los datos de su tarjeta de crédito para comprar música –para qué lo compro si lo puedo descargar gratis en alguna parte–. También con toda esta libertad aprendí como autodidacta lo poco que sé de ingeniería de sonido: aprendí a grabar mis propias canciones en una computadora sin llegar a una interfaz de audio hasta unos años más tarde, entendí los conceptos básicos de grabación: formatos, frecuencias, ecualizadores, compresión, etc., se vino la industria independiente, el DIY y ahora todo estaba al alcance de todos. Eso, todo al alcance de todos y ahora no costaba trabajo conseguirnos la canción o el álbum que quisiéramos, cosa de saber buscar y voilà!, ahí lo tienes en tu disco duro para descargarlo a tu reproductor portátil junto con otras mil o dos mil canciones cual carnicería, incluso canciones que no nos gustaran o que jamás escucharíamos. Puedo decir que de esta forma fue como se prostituyó la música y la industria no nos ayudaba en lo absoluto, vendiendo discos más caros y buscando maneras absurdas para terminar con la piratería en vez de buscar adaptarse al nuevo entorno; nos trajeron una guerra del volumen que sólo nos hizo creer a los consumidores que la nueva tecnología hacía sonar los clásicos cada vez mejor, y así lanzaban versiones remasterizadas de la música de siempre una tras otra vez y luego otra, cada vez con el volumen más alto, asesinando frecuencias sin piedad con tal de vender y estropeando el sonido original, aquel que alguna vez se hizo con el mayor de los cuidados por grandes productores y que fuera parte del éxito de enormes obras musicales.
En este punto un día entablé conversación con un amigo de confianza, ingeniero de sonido, y me dijo que los discos de acetato conservaban mejor el rango de frecuencias de una canción, siendo así estos de mayor calidad. La explicación me pareció que tenía sentido pero hasta este punto, yo no me decidí a buscarme un tocadiscos. Esto fue algo que estuve aplazando durante un buen tiempo, siempre había gastos con mayor prioridad y no le veía mucho sentido a comprarme un tocadiscos si no tenía un sistema de audio que valiera la pena en el que alcanzara a distinguir esa calidad que haría la diferencia. Después de un tiempo me pude comprar unos monitores para mi equipo de grabación casero y casi a la par, mi novia me regaló mi primer tocadiscos junto con una copia del For My Parents de MONO; si hay algún disco que merecía la pena ser escuchado con unas buenas bocinas y la mayor fidelidad posible, éste álbum era el indicado. La experiencia fue tan grandiosa como indescriptible: un sonido claro y muy cálido.
Para mí todo esto tenía mucho sentido, ahora que iba entendiendo cómo funcionaba el audio, del cómo es inevitable una pérdida al convertir una señal analógica a una digital. Ahora viene la pregunta, ¿qué tanto vale la pena recuperar esta pérdida? Vamos siendo sinceros, hay un nivel en el que el oído humano ya no es capaz de distinguir diferencias en el sonido cuando éstas son muy mínimas. Aquí, hablando en aspectos técnicos, entran en juego diversas variables del audio digital como son la profundidad de bits y la frecuencia de muestreo. En términos más comprensibles, no es lo mismo escuchar el audio de un CD original que un MP3 de 128kbps. No es complicado escuchar algunos ligeros "scratches" que se escuchan a esta resolución. Por otro lado, nos meteremos en problemas si queremos escucharle sus defectos a un MP3 de 320kbps (claro, siempre y cuando haya sido realizado a partir de una fuente original). Para esto vinieron los formatos FLAC y demás formatos lossless quality, los cuales emplean una compresión menos agresiva que el MP3 pero conservan más la calidad del audio original. Por otra parte, tampoco hay que confundirnos: el CD sólo es un medio de almacenamiento con una frecuencia de muestreo estandarizada y sigue teniendo sus ventajas sobre el vinilo (no podríamos concebir un Discman para uso deportivo con discos de 12 pulgadas funcionando con una aguja).
La calidad del audio sigue siendo una variable que depende de la fuente de donde se obtiene el audio y como no todo es miel sobre hojuelas, una mala noticia para mí fue saber que hay algunos LP's que están siendo fabricados a partir de una fuente previamente digitalizada, según leí en un artículo muy interesante en Pitchfork, lo cual neutraliza esa autenticidad que esperaríamos al escuchar desde una fuente analógica. Otra desgracia con la que me he encontrado es que a veces la reprodución de discos nuevos y empaquetados se brinca, mientras que otros discos viejos y usados que me he conseguido (algunos con hasta casi 50 años de edad) se escuchan impecables a pesar de sus rayones propios de la edad. Esto me hace pensar que el proceso de fabricación, almacenamiento o transporte en los discos actuales es deficiente, una situación que deberá ser atendida por las casas productoras si quieren mantener este mercado tan creciente como ha sido hasta ahora.
¿Vale entonces la pena hacernos de un tocadiscos, o nos quedamos con la música de iTunes, Amazon, Bandcamp, torrents y otras fuentes de descarga digital? Bueno, la respuesta, querido lector, depende del significado que le quiera dar usted a la música. Si es de las personas que gustan de escuchar música sólo mientras conduce a su trabajo, mientras se ducha o hace la tarea de la escuela, puede ser suficiente y más práctico que se quede con el audio digital; es fácil de adquirir y sus oídos no extrañarán cualquier pérdida de calidad casi imperceptible en un buen MP3. Si es muy exigente con la calidad, hágase de unas cuantas canciones en formato FLAC y no se arrepentirá (pero en este caso no se le ocurra escuchar sus canciones en unos Beats by Dr. Dre o en sus bocinas para computadora casi desechables Logitech).
Siendo un consumidor que aprecia la música como un producto completo, quien guarda un mayor grado de apreciación en el arte (tanto visual como auditivo) gustará de hacerse de un buen tocadiscos y comenzar a construir su colección en la medida de lo permitido. Hay una experiencia que jamás podrá alcanzarse con el audio digital y que aún es pobre en el CD aunque se trate de un formato físico: tomar con sus propias manos la música, mirar el arte del álbum en un formato más grande y cercano, limpiarlo y ponerlo con delicadeza en el tocadiscos, salir a cazar un álbum deseado en tiendas donde pareciera imposible de encontrar. Un último factor que me gustaría mencionar que resultó clave en mi caso, es que habiendo tenido la oportunidad de componer y grabar un disco, sé lo complicado y el esfuerzo que conlleva realizar una producción discográfica, lo cual de alguna manera ha aumentado mi apreciación y admiración sobre los autores de mis fonogramas favoritos. En pocas palabras, si usted se considera melómano o gusta de darse un tiempo para escuchar con atención su música mientras se relaja en casa, el viejo LP le ofrecerá un buen medio para disfrutar de su música favorita.
Cualquier opinión o aportación respecto a este tema será siempre bienvenida en la sección de comentarios.
A mí me tocó llegar hasta aquí con tan sólo el recuerdo de los casetes y los viejos discos de acetato que había en casa, frágiles y enormes y que siempre hacían ruido al reproducirse, llenos de rayones por el maltrato. De niño me tocó ver la transición de estos discos al CD, el nuevo formato que ya no llevaba esos molestos clics y pops de una aguja sobre sí (¡qué caros son los nuevos discos, pero qué bien se oyen!), un formato más pequeño y práctico para llevarse a cualquier lado; casi no había piratería en ese entonces o la gente se limitaba a seguir grabando sus copias caseras y mixtapes en casetes; luego los Discman, ya no los Walkman porque también la cinta comenzaba a quedarse atrás con sus defectos y fragilidades. Después vinieron los quemadores y el MP3, un formato que se iba tan bien con las conexiones tan lentas a internet: teníamos que esperar 15 o 20 minutos para descargar una canción de Napster, KaaZa (después Ares), Audiogalaxy, iMesh, Limewire o Soulseek. Parecía obsceno que algún amigo tuviera ya conexión por cable y así podíamos bajar las canciones en dos minutos, o hasta un video y después grabarlos en un CD. El MP3 con calidad de 128kbps era suficiente para nosotros, llenábamos los discos y los llevábamos a casa.
Así conocí mucha música y no lo pudiera haber hecho de otra forma con las condiciones tan restrictivas que había (o hay) en nuestro país: conectividad muy cara y discos muy caros, así fue como nos recomendábamos música entre amigos y la industria seguía creciendo: vinieron los iPods, conexiones más rápidas; en México la compra de música por Internet aún era un rumor y la gente no era tan atrevida como para poner los datos de su tarjeta de crédito para comprar música –para qué lo compro si lo puedo descargar gratis en alguna parte–. También con toda esta libertad aprendí como autodidacta lo poco que sé de ingeniería de sonido: aprendí a grabar mis propias canciones en una computadora sin llegar a una interfaz de audio hasta unos años más tarde, entendí los conceptos básicos de grabación: formatos, frecuencias, ecualizadores, compresión, etc., se vino la industria independiente, el DIY y ahora todo estaba al alcance de todos. Eso, todo al alcance de todos y ahora no costaba trabajo conseguirnos la canción o el álbum que quisiéramos, cosa de saber buscar y voilà!, ahí lo tienes en tu disco duro para descargarlo a tu reproductor portátil junto con otras mil o dos mil canciones cual carnicería, incluso canciones que no nos gustaran o que jamás escucharíamos. Puedo decir que de esta forma fue como se prostituyó la música y la industria no nos ayudaba en lo absoluto, vendiendo discos más caros y buscando maneras absurdas para terminar con la piratería en vez de buscar adaptarse al nuevo entorno; nos trajeron una guerra del volumen que sólo nos hizo creer a los consumidores que la nueva tecnología hacía sonar los clásicos cada vez mejor, y así lanzaban versiones remasterizadas de la música de siempre una tras otra vez y luego otra, cada vez con el volumen más alto, asesinando frecuencias sin piedad con tal de vender y estropeando el sonido original, aquel que alguna vez se hizo con el mayor de los cuidados por grandes productores y que fuera parte del éxito de enormes obras musicales.
En este punto un día entablé conversación con un amigo de confianza, ingeniero de sonido, y me dijo que los discos de acetato conservaban mejor el rango de frecuencias de una canción, siendo así estos de mayor calidad. La explicación me pareció que tenía sentido pero hasta este punto, yo no me decidí a buscarme un tocadiscos. Esto fue algo que estuve aplazando durante un buen tiempo, siempre había gastos con mayor prioridad y no le veía mucho sentido a comprarme un tocadiscos si no tenía un sistema de audio que valiera la pena en el que alcanzara a distinguir esa calidad que haría la diferencia. Después de un tiempo me pude comprar unos monitores para mi equipo de grabación casero y casi a la par, mi novia me regaló mi primer tocadiscos junto con una copia del For My Parents de MONO; si hay algún disco que merecía la pena ser escuchado con unas buenas bocinas y la mayor fidelidad posible, éste álbum era el indicado. La experiencia fue tan grandiosa como indescriptible: un sonido claro y muy cálido.
Para mí todo esto tenía mucho sentido, ahora que iba entendiendo cómo funcionaba el audio, del cómo es inevitable una pérdida al convertir una señal analógica a una digital. Ahora viene la pregunta, ¿qué tanto vale la pena recuperar esta pérdida? Vamos siendo sinceros, hay un nivel en el que el oído humano ya no es capaz de distinguir diferencias en el sonido cuando éstas son muy mínimas. Aquí, hablando en aspectos técnicos, entran en juego diversas variables del audio digital como son la profundidad de bits y la frecuencia de muestreo. En términos más comprensibles, no es lo mismo escuchar el audio de un CD original que un MP3 de 128kbps. No es complicado escuchar algunos ligeros "scratches" que se escuchan a esta resolución. Por otro lado, nos meteremos en problemas si queremos escucharle sus defectos a un MP3 de 320kbps (claro, siempre y cuando haya sido realizado a partir de una fuente original). Para esto vinieron los formatos FLAC y demás formatos lossless quality, los cuales emplean una compresión menos agresiva que el MP3 pero conservan más la calidad del audio original. Por otra parte, tampoco hay que confundirnos: el CD sólo es un medio de almacenamiento con una frecuencia de muestreo estandarizada y sigue teniendo sus ventajas sobre el vinilo (no podríamos concebir un Discman para uso deportivo con discos de 12 pulgadas funcionando con una aguja).
La calidad del audio sigue siendo una variable que depende de la fuente de donde se obtiene el audio y como no todo es miel sobre hojuelas, una mala noticia para mí fue saber que hay algunos LP's que están siendo fabricados a partir de una fuente previamente digitalizada, según leí en un artículo muy interesante en Pitchfork, lo cual neutraliza esa autenticidad que esperaríamos al escuchar desde una fuente analógica. Otra desgracia con la que me he encontrado es que a veces la reprodución de discos nuevos y empaquetados se brinca, mientras que otros discos viejos y usados que me he conseguido (algunos con hasta casi 50 años de edad) se escuchan impecables a pesar de sus rayones propios de la edad. Esto me hace pensar que el proceso de fabricación, almacenamiento o transporte en los discos actuales es deficiente, una situación que deberá ser atendida por las casas productoras si quieren mantener este mercado tan creciente como ha sido hasta ahora.
¿Vale entonces la pena hacernos de un tocadiscos, o nos quedamos con la música de iTunes, Amazon, Bandcamp, torrents y otras fuentes de descarga digital? Bueno, la respuesta, querido lector, depende del significado que le quiera dar usted a la música. Si es de las personas que gustan de escuchar música sólo mientras conduce a su trabajo, mientras se ducha o hace la tarea de la escuela, puede ser suficiente y más práctico que se quede con el audio digital; es fácil de adquirir y sus oídos no extrañarán cualquier pérdida de calidad casi imperceptible en un buen MP3. Si es muy exigente con la calidad, hágase de unas cuantas canciones en formato FLAC y no se arrepentirá (pero en este caso no se le ocurra escuchar sus canciones en unos Beats by Dr. Dre o en sus bocinas para computadora casi desechables Logitech).
Siendo un consumidor que aprecia la música como un producto completo, quien guarda un mayor grado de apreciación en el arte (tanto visual como auditivo) gustará de hacerse de un buen tocadiscos y comenzar a construir su colección en la medida de lo permitido. Hay una experiencia que jamás podrá alcanzarse con el audio digital y que aún es pobre en el CD aunque se trate de un formato físico: tomar con sus propias manos la música, mirar el arte del álbum en un formato más grande y cercano, limpiarlo y ponerlo con delicadeza en el tocadiscos, salir a cazar un álbum deseado en tiendas donde pareciera imposible de encontrar. Un último factor que me gustaría mencionar que resultó clave en mi caso, es que habiendo tenido la oportunidad de componer y grabar un disco, sé lo complicado y el esfuerzo que conlleva realizar una producción discográfica, lo cual de alguna manera ha aumentado mi apreciación y admiración sobre los autores de mis fonogramas favoritos. En pocas palabras, si usted se considera melómano o gusta de darse un tiempo para escuchar con atención su música mientras se relaja en casa, el viejo LP le ofrecerá un buen medio para disfrutar de su música favorita.
Cualquier opinión o aportación respecto a este tema será siempre bienvenida en la sección de comentarios.
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