lunes, 23 de junio de 2014

Del lado bueno del ciclo

Ciclos, hay quien dice que todo en la vida son ciclos y si bien fuera así, podría afirmar que este año ha sido grande en cuanto a mi música predilecta se refiere. ¿Les ha pasado que notan un cambio en sus gustos musicales?
Tuve una época dorada en la que descubrí música que creí grande, música que llegó para quedarse y que se adueñó de mis gustos por completo, música que aportó a la tarea de definirme. No sé si sea parte de crecer, parte de la vida o de la historia de la industria discográfica, pero en algún momento me sentí entrar en una etapa triste y prolongada en que los artistas que hacían esa música dejaron de hacerlo, cambiaron la fórmula o simplemente renunciaron a su labor artística.
Posiblemente esto ratifique también la idea de que soy muy cerrado o tradicional en gustos pero la tendencia en la música actual no lograba cautivarme, me resulta complicado que llegue una nueva banda y rompa con esa barrera que determina lo que es bueno a mi criterio; así durante un tiempo me he dedicado a buscar entre música vieja (donde he encontrado mucho) "nuevos" sonidos para mi oído que sacien esa hambre porque, si bien no resulté melindroso para la comida, sí lo fui para la música. Caí en cosas tan clásicas como Grand Funk Railroad, Electric Light Orchestra e incluso genialidades de la música clásica.
Apenas por estas fechas se ha venido una oleada que parece cumplir con ese ciclo al que me refería al principio. The Faint nos trajo un disco nuevo (respetando ese sonido crudo y clásico de hace unos años), bandas que habían sucumbido ante la historia están de regreso: Death From Above 1979, The Unicorns y The Blood Brothers; vino un disco nuevo de Chromeo y otro de Moving Units. Es como regresar a una probadita de lo que fuera aquella época, darle la vuelta al ciclo y pasar justo ahora por esa parte donde mis oídos se llenan de luz y se complacen de lo que hay sobre la mesa.

viernes, 9 de mayo de 2014

Quedan más letras por escribir

Alrededor de estas fechas, este blog estará cumpliendo sus primeros "seis años", así entre comillas porque han sido más los tiempos muertos (incluso en 2012 no escribí absolutamente nada, cuando pretendía mudarlo a Tumblr) y a pesar de todo este espacio sigue arriba.
Lo curioso de tropezar ocasionalmente con estas páginas es que me sirven para echar un vistazo hacia atrás, ver quién era y en quien me he convertido; aquí hay textos registrados que a estas alturas ya no escribiría o cambiaría el cómo escribirlas, es una especie de diario público donde comparto cosas que me sienta bien compartir y si bien no me atrevo a decir que es muestra de madurez, diré que es evidencia de alguna forma de crecimiento en mi vida.
A veces se me antoja venir a escribir; ya no prometo que lo haré cada tercer día, que mantendré vivo este blog, que lo mudaré o lo destruiré. Lo único seguro es que habrán más letras, de relevancia e irrelevancia, tal como lo aclaré el primer día que abrí paso a este fiel espacio.

Sonrían, que la vida es buena.

martes, 13 de agosto de 2013

El mundo girando a 33 rpm, de nuevo.

Después de más o menos un par de décadas en la obscuridad, los vinilos (o discos de acetato, LP's, o como se les prefiera llamar) están regresando al mercado. ¿Pero es realmente algo que valga la pena rescatar? Este debate me he inspirado mucho desde hace unos días y quería venir para dejar mis impresiones alrededor de algunos mitos y verdades sobre este tema, siendo yo un "nuevo" consumidor de este formato.

A mí me tocó llegar hasta aquí con tan sólo el recuerdo de los casetes y los viejos discos de acetato que había en casa, frágiles y enormes y que siempre hacían ruido al reproducirse, llenos de rayones por el maltrato. De niño me tocó ver la transición de estos discos al CD, el nuevo formato que ya no llevaba esos molestos clics y pops de una aguja sobre sí (¡qué caros son los nuevos discos, pero qué bien se oyen!), un formato más pequeño y práctico para llevarse a cualquier lado; casi no había piratería en ese entonces o la gente se limitaba a seguir grabando sus copias caseras y mixtapes en casetes; luego los Discman, ya no los Walkman porque también la cinta comenzaba a quedarse atrás con sus defectos y fragilidades. Después vinieron los quemadores y el MP3, un formato que se iba tan bien con las conexiones tan lentas a internet: teníamos que esperar 15 o 20 minutos para descargar una canción de Napster, KaaZa (después Ares), Audiogalaxy, iMesh, Limewire o Soulseek. Parecía obsceno que algún amigo tuviera ya conexión por cable y así podíamos bajar las canciones en dos minutos, o hasta un video y después grabarlos en un CD. El MP3 con calidad de 128kbps era suficiente para nosotros, llenábamos los discos y los llevábamos a casa.

Así conocí mucha música y no lo pudiera haber hecho de otra forma con las condiciones tan restrictivas que había (o hay) en nuestro país: conectividad muy cara y discos muy caros, así fue como nos recomendábamos música entre amigos y la industria seguía creciendo: vinieron los iPods, conexiones más rápidas; en México la compra de música por Internet aún era un rumor y la gente no era tan atrevida como para poner los datos de su tarjeta de crédito para comprar música –para qué lo compro si lo puedo descargar gratis en alguna parte–. También con toda esta libertad aprendí como autodidacta lo poco que sé de ingeniería de sonido: aprendí a grabar mis propias canciones en una computadora sin llegar a una interfaz de audio hasta unos años más tarde, entendí los conceptos básicos de grabación: formatos, frecuencias, ecualizadores, compresión, etc., se vino la industria independiente, el DIY y ahora todo estaba al alcance de todos. Eso, todo al alcance de todos y ahora no costaba trabajo conseguirnos la canción o el álbum que quisiéramos, cosa de saber buscar y voilà!, ahí lo tienes en tu disco duro para descargarlo a tu reproductor portátil junto con otras mil o dos mil canciones cual carnicería, incluso canciones que no nos gustaran o que jamás escucharíamos. Puedo decir que de esta forma fue como se prostituyó la música y la industria no nos ayudaba en lo absoluto, vendiendo discos más caros y buscando maneras absurdas para terminar con la piratería en vez de buscar adaptarse al nuevo entorno; nos trajeron una guerra del volumen que sólo nos hizo creer a los consumidores que la nueva tecnología hacía sonar los clásicos cada vez mejor, y así lanzaban versiones remasterizadas de la música de siempre una tras otra vez y luego otra, cada vez con el volumen más alto, asesinando frecuencias sin piedad con tal de vender y estropeando el sonido original, aquel que alguna vez se hizo con el mayor de los cuidados por grandes productores y que fuera parte del éxito de enormes obras musicales.

En este punto un día entablé conversación con un amigo de confianza, ingeniero de sonido, y me dijo que los discos de acetato conservaban mejor el rango de frecuencias de una canción, siendo así estos de mayor calidad. La explicación me pareció que tenía sentido pero hasta este punto, yo no me decidí a buscarme un tocadiscos. Esto fue algo que estuve aplazando durante un buen tiempo, siempre había gastos con mayor prioridad y no le veía mucho sentido a comprarme un tocadiscos si no tenía un sistema de audio que valiera la pena en el que alcanzara a distinguir esa calidad que haría la diferencia. Después de un tiempo me pude comprar unos monitores para mi equipo de grabación casero y casi a la par, mi novia me regaló mi primer tocadiscos junto con una copia del For My Parents de MONO; si hay algún disco que merecía la pena ser escuchado con unas buenas bocinas y la mayor fidelidad posible, éste álbum era el indicado. La experiencia fue tan grandiosa como indescriptible: un sonido claro y muy cálido.

Para mí todo esto tenía mucho sentido, ahora que iba entendiendo cómo funcionaba el audio, del cómo es inevitable una pérdida al convertir una señal analógica a una digital. Ahora viene la pregunta, ¿qué tanto vale la pena recuperar esta pérdida? Vamos siendo sinceros, hay un nivel en el que el oído humano ya no es capaz de distinguir diferencias en el sonido cuando éstas son muy mínimas. Aquí, hablando en aspectos técnicos, entran en juego diversas variables del audio digital como son la profundidad de bits y la frecuencia de muestreo. En términos más comprensibles, no es lo mismo escuchar el audio de un CD original que un MP3 de 128kbps. No es complicado escuchar algunos ligeros "scratches" que se escuchan a esta resolución. Por otro lado, nos meteremos en problemas si queremos escucharle sus defectos a un MP3 de 320kbps (claro, siempre y cuando haya sido realizado a partir de una fuente original). Para esto vinieron los formatos FLAC y demás formatos lossless quality, los cuales emplean una compresión menos agresiva que el MP3 pero conservan más la calidad del audio original. Por otra parte, tampoco hay que confundirnos: el CD sólo es un medio de almacenamiento con una frecuencia de muestreo estandarizada y sigue teniendo sus ventajas sobre el vinilo (no podríamos concebir un Discman para uso deportivo con discos de 12 pulgadas funcionando con una aguja).

La calidad del audio sigue siendo una variable que depende de la fuente de donde se obtiene el audio y como no todo es miel sobre hojuelas, una mala noticia para mí fue saber que hay algunos LP's que están siendo fabricados a partir de una fuente previamente digitalizada, según leí en un artículo muy interesante en Pitchfork, lo cual neutraliza esa autenticidad que esperaríamos al escuchar desde una fuente analógica. Otra desgracia con la que me he encontrado es que a veces la reprodución de discos nuevos y empaquetados se brinca, mientras que otros discos viejos y usados que me he conseguido (algunos con hasta casi 50 años de edad) se escuchan impecables a pesar de sus rayones propios de la edad. Esto me hace pensar que el proceso de fabricación, almacenamiento o transporte en los discos actuales es deficiente, una situación que deberá ser atendida por las casas productoras si quieren mantener este mercado tan creciente como ha sido hasta ahora.

¿Vale entonces la pena hacernos de un tocadiscos, o nos quedamos con la música de iTunes, Amazon, Bandcamp, torrents y otras fuentes de descarga digital? Bueno, la respuesta, querido lector, depende del significado que le quiera dar usted a la música. Si es de las personas que gustan de escuchar música sólo mientras conduce a su trabajo, mientras se ducha o hace la tarea de la escuela, puede ser suficiente y más práctico que se quede con el audio digital; es fácil de adquirir y sus oídos no extrañarán cualquier pérdida de calidad casi imperceptible en un buen MP3. Si es muy exigente con la calidad, hágase de unas cuantas canciones en formato FLAC y no se arrepentirá (pero en este caso no se le ocurra escuchar sus canciones en unos Beats by Dr. Dre o en sus bocinas para computadora casi desechables Logitech).

Siendo un consumidor que aprecia la música como un producto completo, quien guarda un mayor grado de apreciación en el arte (tanto visual como auditivo) gustará de hacerse de un buen tocadiscos y comenzar a construir su colección en la medida de lo permitido. Hay una experiencia que jamás podrá alcanzarse con el audio digital y que aún es pobre en el CD aunque se trate de un formato físico: tomar con sus propias manos la música, mirar el arte del álbum en un formato más grande y cercano, limpiarlo y ponerlo con delicadeza en el tocadiscos, salir a cazar un álbum deseado en tiendas donde pareciera imposible de encontrar. Un último factor que me gustaría mencionar que resultó clave en mi caso, es que habiendo tenido la oportunidad de componer y grabar un disco, sé lo complicado y el esfuerzo que conlleva realizar una producción discográfica, lo cual de alguna manera ha aumentado mi apreciación y admiración sobre los autores de mis fonogramas favoritos. En pocas palabras, si usted se considera melómano o gusta de darse un tiempo para escuchar con atención su música mientras se relaja en casa, el viejo LP le ofrecerá un buen medio para disfrutar de su música favorita.

Cualquier opinión o aportación respecto a este tema será siempre bienvenida en la sección de comentarios.

miércoles, 23 de enero de 2013

Bye, Volta.

Opino en esto porque soy fan y antes era más fan, lejos de ser un crítico o un periodista reconocido cuya opinión todo el mundo espera.
¿Se acuerdan del Tirame a las arañas? Esa época dorada en la que nos bastaba con Frances the Mute, yo corriendo a la tienda el día de lanzamiento y haciendo que el empleado de la tienda sacara el disco de la bodega para poder llevarme el primer ejemplar.

Al final Cedric se va, The Mars Volta se deshace. No los voy a extrañar tanto. Después de Amputechture la calidad de sus discos comenzó a decaer, esa fue la cima para mí. Entre Frances the Mute y Amputechture tengo lo mejor que le puedo pedir a una banda en este género aunque ambos discos sean muy distintos. No sé tampoco hasta dónde tenga esto algo que ver con mi crecimiento, pero mis ansias por conseguir el material nuevo de la banda ya se habían desvanecido un par de discos antes del Noctourniquet. Nada de malo hay en experimentar nuevos horizontes, cada disco debe sonar diferente y la experiencia de conocer nuevos géneros enriquece al artista, pero creo que jugaron tanto con esto que de pronto perdieron el rumbo.

Los argumentos de Cedric a mí me parecen muy válidos. Sigo admirando mucho el trabajo de Omar, siempre me ha gustado mucho su estilo y de cierta forma me habrá influido como músico, sin duda. Sin embargo soy de la idea de que ha llegado a prostituir su trabajo (no hablo de géneros musicales); "Omar Rodríguez saca discos como si fueran palomitas en el microondas" es un ejemplo de las frases que alguna vez dije refiriéndome a este tema y que aún cuando siga siendo una forma de trabajo respetable, me parece que resta calidad y seriedad a su trabajo. Un proyecto grande como The Mars Volta requiere más atención, no sólo canciones recicladas como Goliath (que antes era Rapid Fire Toolboth y salió de entre los bocetosDIGO los discos solistas de Omar) y venir a hacerle caso cuando se nos antoje.

¿Se acuerdan de los inicios? The Mars Volta se presentaba como un acto cuyo núcleo eran Bixler, Rodíguez y Theodore. Un momento, ¿Theodore? Sí, el baterista que robó cámara en el Vive Latino de 2004 y que a mi juicio es el mejor que han tenido, sin limitarme a juzgar por niveles de virtuosismo. Theodore se fue y el proyecto siguió. Menos mal que era un proyecto de tres.

¿Entonces ahora sí es una ruptura definitiva? Yo lo dudo mucho, siempre hay cabida para regresar, fingir que nos vamos a casa de una buena vez aunque en unos años volveremos, así como vimos al ATDI viejo y cansado en 2012.

Y así sin más de por medio, saludo a toda la pandilla de Tiramescenses que nos acompañaron en tiempos de foros, antes de las redes sociales y con quienes aún conservo contacto en algunos casos.

Besos y abrazos porque así también mi blog regresó.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Marshmallow wars (robotic edition)

Aquí la semblanza de una escena apocalíptica del futuro, donde los malvaviscos gobiernan y los robots sirven para sus fines bélicos.


domingo, 24 de julio de 2011

El cliente y el silencio incómodo

Esto sucedió cierto día en una cierta oficina en la que con toda certeza puedo decirles que ciertamente trabajo yo como ya saben, ¿cierto? Omitiré detalles para hacerlo más divertido y para respetar la privacidad de terceros.

Llega un día con nosotros, las personas de desarrollo, un cliente con la petición para recibir ayuda con su sitio web que le había presentado algunos problemas. La conversación se dio más o menos así:
—Hola, vengo porque me dijeron que ustedes me podían ayudar con mi sitio web.
—Claro, ¿qué problema tiene su sitio?
—No sé.
Breve silencio incómodo.
—¿Está mostrando mensajes de error o algo?
—Emmm,... no lo sé.
Más silencio incómodo, el equipo de trabajo comienza a intercambiar miradas de extrañeza.
—Ok, vamos a ver. ¿Me puede dar la dirección de la página para abrirla en mi computadora y ver el problema?
—Híjole, es que no me acuerdo de la dirección de la página. Es la del proyecto xmsdfrgxargxsmdfrgx.
Inserte aquí más silencio incómodo, rostros de desesperación. El cliente tiene una idea y continúa:
—....¡ya sé!, ¿tienes algún teléfono que me puedas prestar? Para llamar a mi oficina y pedir que me den la dirección del sitio.
Asentimos, el cliente toma teléfono, hace lo suyo y nos da la dirección. El sitio web se abre enterito y en todo su esplendor.
—Bueno, yo veo completo el sitio, no le veo ningún problema. ¿No sabe si alguna área en especial era la que estaba dando problemas?
—No, no sé. A mí me dijeron que estaba fallando la página.
—...¿y quién le dijo que estaba fallando?
—Uy, no me acuerdo. Hace ya mucho que se estuvo trabajando esta página.

Mientras todo esto sucedía yo estaba aguantándome la risa para evitar ofensas y corajes propios, todo consecuencia de simples errores de comunicación o fallas en la delegación de responsabilidades, cosas que pasan eventualmente en el campo laboral como sabrán.
La historia por fortuna tuvo un final feliz después de hacer otras preguntas al cliente, unas llamadas telefónicas y emitir algunas conclusiones.

¿Les ha pasado algo similar?

sábado, 9 de julio de 2011

La evolución del artista, como de su vida misma

Hoy voy a jugarle al crítico o algo por el estilo, ya que me inspiró haber recién escuchado el último disco que lanzó Moving Units, una de mis bandas favoritas como ya había mencionado antes y quienes ya se habían tardado cuatro años sin presentar nuevo material. Yo todo entusiasta esperaba una nueva producción original con su sonido que incita al siempre delicioso baile/garage que les ha caracterizado (no por nada su primer EP lo grabaron en 31G). La sorpresa se dejó caer cuando escuché las canciones con un tinte más pop, cambiando su baile punk por un baile más bien de antro; me dije que esto ya no suena a Moving Units (el original al menos) cuando suena en las bocinas Pink Redemption, un remake o más bien un remix barato de Pink Thoughts (mi canción favorita de su anterior álbum Hexes for Exes) con lo que el EP terminó por caer de mi gracia. ¿Les ha pasado?



Esta transformación dentro de la música de un artista es algo de lo más natural y es totalmente comprensible. Aburrido sería escuchar una canción o un álbum de un artista y sus subsecuentes con un sonido totalmente similar, el detalle es que la fórmula siempre es diferente y eso es riesgoso.
No todo son desgracias. Por ejemplo The Faint, a quienes podría posiblemente considerar como mi banda favorita, tienen un primer álbum titulado Media que sinceramente no me gusta en lo absoluto y donde reflejan un sonido sin mucha propuesta, en ese entonces no habían descubierto la magia que podían hacer con los sintetizadores.


Hot Hot Heat es un ejemplo clarísimo para mí de un caso intermedio. En sus inicios la banda sonaba mucho más punk que lo que es ahora, la ausencia de una guitarra y unos sintetizadores y bajos más gruesos le daban un toque obscuro que a mí en lo personal me encanta; en algún momento de la historia habrán tenido la oportunidad de modificar su propuesta y finalmente pasaron al mainstream, con un sonido que aunque es MUY diferente a sus inicios pero que a pesar de eso me sigue gustando.



¿Cuestión de gustos? Juzguen ustedes.